miércoles, 23 de diciembre de 2009

DESPIERTA OH TIERRA

videoLa estrella de Belén
Curtis Peter van Gorder
Dicen los pastores que vieron brillaruna linda estrella por la madrugá.Dicen que la estrella los llevó a Belény los santos Reyes llegaron también... Villancico popular venezolano Cuando Jesús nació, en Belén de Judea, en días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos sabios, preguntando: —¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo. Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y, habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.Ellos le respondieron: —En Belén de Judea, porque así fue escrito por el profeta [Miqueas]: «Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a Mi pueblo Israel». Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios y se cercioró del tiempo exacto en que había aparecido la estrella.Y enviándolos a Belén, dijo: —Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño y, cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.(Mateo 2:1-10) Muchas veces me he preguntado qué motivaría a los Reyes Magos a recorrer una distancia tan grande y a tan gran costo para llevar presentes al Niño Jesús. ¿Quiénes eran esos Magos? ¿Y cuál fue la estrella? La palabra que se empleó en el texto original griego fue magoi. Proviene de una raíz indoeuropea que significa grande, exaltado, pudiente, y se aplicaba a los miembros de una casta sacerdotal del Cercano Oriente. Se cree que los Magos eran seguidores de Zoroastro o Zaratustra, maestro religioso y profeta persa que enseñaba la fe en un solo dios. Los Magos habrían conocido las profecías de Daniel. Después de que Babilonia destruyó Jerusalén y la mayoría de judíos fueron esclavizados en el año 586 a.C., Daniel se convirtió en sirviente del rey de Babilonia y, a la larga, por la sabiduría que le había otorgado Dios, fue muy estimado en la corte real de Babilonia y Persia como un rab-mag o mago-jefe. Daniel dio la única profecía específica de la Biblia relativa a cuándo moriría el Mesías. Esa profecía se puede encontrar en el capítulo 9 de su libro. A partir de esos datos, los Magos habrían sabido que el Mesías iba a nacer en su época, lo cual explica por qué buscaban una señal. (Actualmente sabemos que Jesús murió aproximadamente en el año 30 a la edad de 33 años, lo que sitúa la fecha de Su nacimiento el año 4 ó el 3 a.C.) Los Magos tal vez conocían otra profecía que había dado un adivino de Mesopotamia llamado Balaam, que en el año 1400 a.C. intentó maldecir a Israel, pero en vez de eso profetizó la llegada del Mesías: Lo veo [al Mesías], mas no ahora; lo contemplo, mas no de cerca: Saldrá estrella de Jacob, se levantará cetro de Israel. [...] De Jacob saldrá el vencedor (Números 24:17,19). Sin embargo, al parecer los Magos desconocían la profecía de que el Mesías nacería en Belén, porque el rey Herodes tuvo que facilitarles esa información; y a su vez, Herodes se enteró por boca de sus consejeros. Entonces, ¿cuál fue la estrella que siguieron los Magos? Es importante entender que la palabra griega del texto original en el Evangelio de S. Mateo es aster, que no solo significaba estrella sino que tenía el sentido más amplia de astro, palabra que ha derivado de ella. En la época del nacimiento de Cristo, los movimientos de las estrellas y planetas estaban considerados en gran medida predicciones confiables de sucesos futuros, que en particular tenían que ver con gobernantes. En Génesis 1:14 dice que Dios creó las estrellas y los planetas para que sirvieran de señales. Los judíos creían que eran señales del cielo que tenían por objeto ayudarles a conocer las obras y la voluntad de Dios. ¿Qué ocurrió en el cielo en aquella época para que los Magos emprendieran la búsqueda? Es imposible saberlo a ciencia cierta, porque se sabe que entre el año 7 y el 2 a.C. ocurrieron varios fenómenos importantes: dos novas, dos cometas y unas doce conjunciones en las que, por su gran proximidad, varios planetas adquirían el aspecto de una estrella o estaban alineados de forma que pudieran haber tenido un significado importante para los sabios. Johann Kepler fue el primero en sugerir que la estrella fue un alineamiento de planetas. En 1605 calculó que en el año 7 a.C hubo una conjunción de tres planetas: Saturno, Júpiter y Marte. Pues bien: en ese año no hubo una, sino tres conjunciones de Júpiter y Saturno, fenómeno que solo se da cada 900 años aproximadamente. Los tres encuentros de dichos planetas tuvieron lugar en la constelación de Piscis, que durante mucho tiempo se había asociado con la nación hebrea. En el año 5 a.C. los astrónomos chinos registraron una nova en la constelación de Capricornio. También avistaron dos cometas, uno en el año 5 y otro en el año 4. Llamaron al cometa del año 5 estrella-escoba, por ser un cometa con cola que barrió el cielo durante setenta días. Como cruzaba el cielo de la noche, algunos creen que el cometa fue la estrella que guió a los Magos en su viaje. En agosto del año 3 a.C., Júpiter (el planeta rey) hizo una cercana conjunción con Regulus (rey en latín), que también es la estrella principal de Leo, la constelación real. En los meses siguientes, Júpiter pasó de nuevo por Regulus, luego volvió e hizo conjunción por tercera vez con la estrella. Los astrólogos pudieron ver en la aparente revolución del planeta rey en torno a la estrella real una señal de que estaba a punto de aparecer un rey importante. Sea lo que fuera lo que guió a los Magos, sabemos que encontraron lo que buscaban. Al entrar en la casa, vieron al niño con María su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. (Mateo 2:11.) Hoy en día, nosotros también podemos encontrar a Jesús, el Cristo, si obedecemos la Palabra de Dios, que ha prometido que si buscamos lo encontraremos. «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.» (Mateo 7:7-8). Es más, tal vez le sorprenda al lector saber que el propio Dios lo busca. Jesús dice: «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).

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