viernes, 27 de noviembre de 2009

Embajadores del amor


Dios quiere darse a conocer al mundo por medio de Sus hijos. Jesús dijo: «Como me envió el Padre, así también Yo os envío» (Juan 20:21). Él vino a amar al mundo y nos llama a nosotros a hacer lo mismo en todas las facetas de la vida, por todos los medios a nuestro alcance. Quiere que llevemos Su amor a los demás. La única forma de que otras personas lleguen a conocer Su alegría, paz, amor, felicidad y Cielo es por medio de nosotros. Cualquiera que sea nuestro origen, si tenemos a Jesús somos Sus embajadores y representamos al Rey de reyes, al que rige los destinos del universo. ¿Cuál fue la exhortación final que hizo Jesús a Sus discípulos durante la última cena, antes de ser apresado, azotado y ejecutado? «En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35). Les habló del amor, les manifestó que el amor era lo más importante. Aquellos primeros cristianos revolucionaron el mundo con el amor de Dios. Su modo de vida convenció a la gente de que su fe no era un cuento. Hasta los romanos que los persiguieron se maravillaban y decían: «¡Cómo se aman estos cristianos!» «¿Quién es ese tal Cristo —preguntaban— y cómo es que los hace tan felices? Ustedes no tienen nada, y sin embargo lo poseen todo. ¿Qué debo hacer para alcanzar yo esa felicidad?» En consecuencia, en el mundo occidental al cabo de 200 años una persona de cada cinco profesaba el cristianismo. Hoy —2000 años después— el corazón de los hombres sigue siendo el mismo. Muchísima gente ansía amor y casi nunca lo encuentra. Busca un rayito de esperanza, un indicio de salvación, un lugar donde haya luz, un poquito de amor, un poco de compasión, un sitio donde sienta alivio. Los que conocemos a Dios y Su amor tenemos algo que los demás se han pasado la vida buscando y necesitan urgentemente. Si les demostramos que el amor existe, creerán que Dios existe, porque Dios es amor. Hasta los pequeños gestos tienen gran importancia: un poquito de amor puede tener un valor incalculable. La luz de tu sonrisa, la simpatía de tu rostro y la influencia de tu vida pueden irradiar luz sobre muchos y tener efectos sorprendentes en algunas de esas personas que a veces parecen las más difíciles de conmover. Cuando perciben tu amor y les dices que se trata del amor de Dios, piensan que tal vez sea cierto que hay alguien allá arriba que las ama. Eso puede transformar por completo su percepción de las cosas y motivarlas a comenzar de nuevo. ¡Que se nos conozca siempre por nuestro amor!

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