lunes, 2 de noviembre de 2009

Dios puede curar cualquier mal... ¡incluso el cáncer!


Ante el asombro de su familia y de los médicos... ¡los análisis indicaron que no tenía ni rastro del cáncer! El señor Ning estaba muriéndose de cáncer. Postrado en su cama del hospital, escuchaba atentamente mientras le hablábamos del amor de Jesús y le leíamos relatos de fe de otras personas. Luego rezamos, y él le pidió a Jesús que entrara en su corazón, con voz entrecortada por el llanto. Animado por nuestros testimonios de fe, nos pidió que oráramos por su curación. —Señor Ning, nos alegra mucho que quiera que recemos por usted —le dije—, ¡porque estamos seguros de que el Señor desea curarlo! —Jesús —rogamos—, sabemos que Tú sanaste a mucha gente cuando estabas en la Tierra, y que tienes exactamente el mismo poder hoy que entonces. Tu Palabra dice: «Yo haré venir sanidad para ti y sanaré tus heridas» (Jeremías 30:17). Creemos Tu Palabra, y te pedimos que pongas Tu mano sanadora sobre el señor Ning. Te rogamos que lo cures. Sabemos que puedes hacerlo, creemos que quieres hacerlo. Así que te damos gracias por contestar nuestras oraciones. Amén. Ante el asombro de su familia y de los médicos, ¡al día siguiente el señor Ning se había levantado y estaba totalmente recuperado! Una nueva ronda de exámenes y análisis indicaron que no tenía ni rastro del cáncer. ¡Ahora está otra vez en su casa, contento y saludable, y es un testimonio viviente de la eficacia de la oración y de la mano curadora de Dios!

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