sábado, 18 de junio de 2011

Peldaños

La próxima vez que sufras un bajón, es posible que estés a punto de descubrir lo cerca de ti que está el Señor y cuánto se preocupa de tu bienestar. Suele ser en los períodos más duros de la vida cuando comprendemos que Jesús está siempre a nuestro lado. Él nos ama, desea lo mejor para nosotros y es capaz de lograr resultados positivos a partir de cualquier cosa que nos suceda, aun de las adversidades. Cada dificultad o decepción puede llegar a ser un peldaño que nos conduzca a mayores satisfacciones.







El amoroso plan de Dios


El Señor ha prometido en Su Palabra que todas las cosas redundan en bien de los que aman a Dios1. Como hijo del Señor que eres, Él no permitirá que te pase nada que no sea para tu provecho. Aunque es posible que hayas tenido muchas experiencias que en su momento no te parecieron gratas ni alentadoras, tarde o temprano descubrirás que de alguna manera fueron positivas.


Las respuestas del Señor a nuestras oraciones son infinitamente perfectas. A veces, sin embargo, Él no nos responde tal como quisiéramos, porque conoce el futuro y sabe que nuestros deseos, si nos los concediera, podrían perjudicar a otras personas o dañarnos a nosotros mismos. Con frecuencia, más tarde caemos en la cuenta de que lo que pedíamos era en realidad una piedra con apariencia de pan, mientras que Él pretendía darnos un pan que a nosotros, por nuestra miopía, nos parecía una piedra2 .






La hora más oscura


Los designios divinos no siempre se ven claros en un primer momento; pero en toda situación podemos tener la seguridad de que estamos a Su cuidado y de que al final, sea como sea, todo redundará en nuestro bien. Cuando pases por una temporada dura, a pesar de las dificultades, de la confusión que sientas, de la decepción o el desengaño que te hayas llevado, de la pérdida que hayas sufrido, debes aferrarte a la certeza de que Dios te ama. Su amor es inmutable, infalible, interminable. Por muy negro que se presente el panorama, por difícil que se torne la lucha, por muy largo y tétrico que se vea el túnel y por muy intenso que sea tu dolor, Él te ama. Y Él no es mezquino con Su amor. No nos lo entrega con cuentagotas a medida que nos lo vamos mereciendo. Lo reparte siempre con gran liberalidad.


Aun en los momentos más críticos y difíciles, el Señor es un «amigo más unido que un hermano»3. «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento»4. Él nos acompaña en la hora más sombría, en los momentos de prueba, en medio de la confusión. Está con nosotros en nuestra más honda desesperación. Permanece a nuestro lado porque nos ama y quiere sacarnos adelante.


A Jesús no le gusta vernos sufrir y pasar desdichas. Pero sabe que esas experiencias nos hacen bien, nos convierten en la clase de personas que Él sabe que podemos llegar a ser.






El sendero hacia la gloria


Cuando llegues al final del sendero de la vida y veas en retrospectiva todo lo que te ha acontecido, comprenderás cuánto te ha amado el Señor y lo fielmente que te ha cuidado a lo largo del recorrido, particularmente cuando éste se te hacía cuesta arriba. Entonces entenderás claramente que las rocas con las que te encontraste en el camino no estaban ahí para hacerte tropezar, sino que eran peldaños para permitirte acceder a cosas mejores.


Por muchos recodos que dé el camino, recuerda que Jesús está contigo. Él cuida de ti y a la postre hará que incluso las peores situaciones redunden en tu bien. Lo ha prometido.






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